Ir al contenido principal

Violencia y fútbol

estadio

Hacía mucho que no vivía una mañana de domingo tan intensa.

Durante un partido de juveniles,esa franja de edad en la que descubren su fuerza
y se convierten casi todos en gorilas descerebrados,me he visto obligado a expulsar a uno de ellos,que en consecuencia decidió que lo más inteligente que podía hacer en ese momento no era en absoluto aceptarlo y marcharse,sino amenazarme con esperarme fuera para darme una paliza.

futbol

''Temblando de miedo'' al terminar el encuentro,tras cumplimentar las amonestaciones y expulsiones que hubieron durante el partido y ducharme,me puse los auriculares,cogí mi bolsa de deporte y salí tranquilamente del vestuario.

Estos jugadores son por regla general unos bocazas,por lo que no supuse que al salir estaría ahí.De hecho así fue,salí y no vi a nadie.Caminé unos 20 metros cuando escuché como alguien gritaba.Me giré,y sorprendentemente ahí estaba él,con su padre gritandome como un poseso que le esperara ahí.

simio

No iba a permitir que me golpeara por la espalda mientras caminaba,así que dejé la bolsa en el suelo y con toda la calma del mundo me dispuse a esperarle.Supongo que no era lo que él esperaba,porque se cabreó aún más y empezó a correr como loco hacía mí.
Por suerte para él,a unos metros para llegar a mi posición,sus propios compañeros lo agarraron.

Es cierto lo que dicen,'el diablo sabe más por viejo que por diablo'.Pues le vencí con el simple uso de las palabras.Hacia su padre claro,pues él no atendía a razones,ya que seguía tratando de zafarse para golpearme.
Tras escucharme,su padre,cuya intención inicial era unirse a la ''pelea'',fue quien se lo llevó a regañadientes.

futbolero

Unos años antes,teniendo en cuenta todo lo que me había dicho,habría corrido a patearle el culo sin pensármelo dos veces.Es sorprendente como en algunos casos,el tiempo convierte la violencia en serenidad e inteligencia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cómo evitar un accidente de coche

Admito ser uno de esos hombres que con 27 años aún no sabía conducir. Vivía en un mundo diferente, sin prisas y a mi ritmo. Y hasta los 28 no me he sacado el permiso. Durante 10 años he sido ese amigo al que todos llevan en un momento u otro; aunque más que nada he sido un caminante. Como pasajero mi destino no dependía de mí, sino de otros. Yo sugería, pero no decidía. Y cuando podía hacerlo, era usando mis piernas como vehículo. En mis tiempo de jugador de baloncesto caminaba a diario con mi pelota, botando de arriba a abajo en todo rincón posible. También me sobrevuela algún recuerdo de mi época de árbitro de fútbol, caminando de un pueblo a otro cada fin de semana, cansado tras dos o tres partidos. Todo para evitar esperar dos horas al autobús. Tanto era caminar parte de mí, que una vez incluso volví caminando de Francia a España cruzando los Pirineos. Conducir lo cambia todo. Las comodidades, la velocidad, el tiempo ganado; pero también la sensación de certidumbre. Seamos o

Cosa de bebés

Una cosa que admiro de la cultura india «india americana, no hindú» es su respeto por el futuro. Eran un pueblo nómada con un respeto ancestral por el futuro. Su modo de vida era pura economía. Recordad que la economía es una ciencia que estudia cómo administrar recursos limitados para satisfacer necesidades ilimitadas. Ellos usaban la tierra por un tiempo, y después, por abundante en alimentos y agua que ésta fuera, se desplazaban a otro lugar. Dejaban descansar la tierra para que generaciones futuras disfrutasen de ellas; hoy ese espíritu parece haberse olvidado. La generación perdida nos llaman. Crecimos en un tiempo de inestabilidad, aprendimos de gente que no sabía enseñar, pero aquí estamos los que quedamos. Algunos tuvimos mejores ejemplos que otros, unos tuvieron más suerte que otros, y ahora todos nos necesitamos. ¿Nuestro propósito? Salvar el obstáculo que nos plantaron nuestros mayores, y hacerlo no por nosotros, sino para beneficio de las futuras generaciones. Somos

War Machine, de Brad Pitt

War machine, máquina de guerra. No esperaba ver a Brad Pitt protagonizando comedia nuevamente, pero aquí lo tenemos. Interpretando soberbia y sorprendentemente a un general estadounidense. No os confundáis, esta no es una película seria, o sí, porque trata un tema muy serio, pero no de al estilo hollywoodiense habitual. Me gusta pensar que a través de este tipo concreto de humor, un humor paródico casi elegante, denuncian la política internacional americana. Una potencia que ascendió en la economía mundial activando el capital humano que tenía de sobra tras la gran depresión y usándolo para armar, nunca mejor dicho, un negocio poco moral, pero muy capaz de llenar sus arcas. El de la guerra. Lo curioso de la película es precisamente Brad Pitt. Su interpretación es una nueva muesca en un cinturón de interpretación, marcado en mi opinión por su capacidad de reinvención. Desde "El club de la lucha", "Troya" y "Siete años en el Tíbet" a "Babel&quo