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Redescubriendo las fallas

fallas

Hay días buenos y buenos días. Días geniales y días de risas. Días malos también, pero esos hoy no cuentan.
En Valencia estamos en Fallas, lo que significa fiesta, tradición y petardos. Muchos petardos.

Como veréis si habéis accedido al link anterior, mis conocimientos sobre la esencia de estas fiestas son más bien escasos. Y es que mi mejor amigo y yo, pese a haber hecho a los 9 años un reportaje de calidad profesional sobre las fallas, no somos grandes fans de la pirotecnia.

Pero este año el amor, digo la valentía, le ha impulsado a surcar nuevos horizontes. Decidió que era hora de superarlo y me invitó a ir a 'la mascletà'. El espectáculo pirotécnico más terrorífico jamás creado.

Para ello, claro, necesitabamos ayuda profesional. Alguien experimentado que nos guiara en esta aventura. Su novia Rosa y su encantadora amiga Yesica, curtidas ya en la experiencia fallera, serían nuestras anfitrionas. Aunque eso no nos impedía pensar que después de la traca acabaríamos tendidos en el suelo y más sordos que Van Gogh de su oreja izquierda.

Si me hubierais preguntado ayer, os habría dicho que salir con parejas es aburrido, pero ayer no conocía la combinación de Rosa y Cristian. Un explosivo cóctel de diversión.

Tras dar un paseo y almorzar, esperamos más de una hora a que comenzara el espectáculo, entretenidos con las apariciones de nuestra celebre y honrada alcaldesa en el balcón del ayuntamiento. También ayudaron los cánticos de los quinceañeros entusiastas que teníamos delante.

Después de comer a las chicas les apetecía un café en Starbucks y gracias a mi infalible sentido de la orientación guiando al grupo por la ciudad, acabamos la jornada sin rodeos. Bueno, me perdí un poco. Nada que un buen frappuccino no pudiera solucionar. O eso espero.

Al final olvidé contaros lo más importante, pero en resumidas cuentas, una mascletà no es algo que describir con palabras. Id en buena compañia y disfrutad por vosotros mismos.

mascleta


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