Ir al contenido principal

Madrid

madrid

Haciendo honor a la promesa que hice meses atrás, he vuelto a Madrid a pasar un tiempo con mis primos.
Mis pequeños renacuajos aún en el mundo de yupi. Tan felices ellos...

Un punto en contra para mí es su ferviente pasión por el fútbol. Un deporte que no está mal, pero tampoco es que me quite el sueño.
En parte es inevitable que sean así, viniendo de Senegal. Allí el fútbol se respira en el ambiente. Y los jóvenes dedican su vida a este deporte, que no sale nunca de su cuadro de enfoque.

En ese aspecto, el raro soy yo. Lo mío es el baloncesto. Y además mis intereses son muy dispersos como para prestarle tanta atención a una sola cosa.

Sabía a lo que me atenía al venir aquí. Así que con el fin de lograr mi propósito lo antes posible, es decir, relajarme, decidí participar en la excursión familiar. Primero fuimos a un bonito parque de Alcorcón donde jugamos al fútbol hasta agotar nuestras reservas corporales de agua.

primos en el parque

Más tarde fuimos al estadio del Real Madrid. Les observé mientras caminábamos por los alrededores. Tenían unas ganas tremendas de entrar a verlo, ¿y quién era yo para oponerme a sus ilusiones?
Les pagué la visita al estadio y yo me senté paciente a leer la última novela de Patrick Rothfuss.

Para aclarar esto, he de decir que no soy el típico turista. Si fuese a China y la muralla no me transmitiese nada, no me molestaría en hacerle una foto.

Me entretuve parte del tiempo observando a los fanáticos madridistas haciendo millones de fotos y posando con sus camisetas de fútbol de 70€.
En conjunto, el ser humano pese al paso del tiempo mantiene la idolatría como parte de su subconsciente. El tributo a una imagen.

Dejando de lado el fútbol. No deja de sorprenderme, en contraste con el levante español lo grande que es todo aquí. Especialmente las distancias de un lugar a otro. Tan disperso todo. Será por ese algo en común que me gusta tanto Madrid. Resulta que el dicho tiene su razón de ser. Pues ancha es Castilla.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cómo evitar un accidente de coche

Admito ser uno de esos hombres que con 27 años aún no sabía conducir. Vivía en un mundo diferente, sin prisas y a mi ritmo. Y hasta los 28 no me he sacado el permiso. Durante 10 años he sido ese amigo al que todos llevan en un momento u otro; aunque más que nada he sido un caminante. Como pasajero mi destino no dependía de mí, sino de otros. Yo sugería, pero no decidía. Y cuando podía hacerlo, era usando mis piernas como vehículo. En mis tiempo de jugador de baloncesto caminaba a diario con mi pelota, botando de arriba a abajo en todo rincón posible. También me sobrevuela algún recuerdo de mi época de árbitro de fútbol, caminando de un pueblo a otro cada fin de semana, cansado tras dos o tres partidos. Todo para evitar esperar dos horas al autobús. Tanto era caminar parte de mí, que una vez incluso volví caminando de Francia a España cruzando los Pirineos. Conducir lo cambia todo. Las comodidades, la velocidad, el tiempo ganado; pero también la sensación de certidumbre. Seamos o

Cosa de bebés

Una cosa que admiro de la cultura india «india americana, no hindú» es su respeto por el futuro. Eran un pueblo nómada con un respeto ancestral por el futuro. Su modo de vida era pura economía. Recordad que la economía es una ciencia que estudia cómo administrar recursos limitados para satisfacer necesidades ilimitadas. Ellos usaban la tierra por un tiempo, y después, por abundante en alimentos y agua que ésta fuera, se desplazaban a otro lugar. Dejaban descansar la tierra para que generaciones futuras disfrutasen de ellas; hoy ese espíritu parece haberse olvidado. La generación perdida nos llaman. Crecimos en un tiempo de inestabilidad, aprendimos de gente que no sabía enseñar, pero aquí estamos los que quedamos. Algunos tuvimos mejores ejemplos que otros, unos tuvieron más suerte que otros, y ahora todos nos necesitamos. ¿Nuestro propósito? Salvar el obstáculo que nos plantaron nuestros mayores, y hacerlo no por nosotros, sino para beneficio de las futuras generaciones. Somos

War Machine, de Brad Pitt

War machine, máquina de guerra. No esperaba ver a Brad Pitt protagonizando comedia nuevamente, pero aquí lo tenemos. Interpretando soberbia y sorprendentemente a un general estadounidense. No os confundáis, esta no es una película seria, o sí, porque trata un tema muy serio, pero no de al estilo hollywoodiense habitual. Me gusta pensar que a través de este tipo concreto de humor, un humor paródico casi elegante, denuncian la política internacional americana. Una potencia que ascendió en la economía mundial activando el capital humano que tenía de sobra tras la gran depresión y usándolo para armar, nunca mejor dicho, un negocio poco moral, pero muy capaz de llenar sus arcas. El de la guerra. Lo curioso de la película es precisamente Brad Pitt. Su interpretación es una nueva muesca en un cinturón de interpretación, marcado en mi opinión por su capacidad de reinvención. Desde "El club de la lucha", "Troya" y "Siete años en el Tíbet" a "Babel&quo