Ir al contenido principal

Intocable


intocable omar sy

Hoy he tenido el día libre. Tras correr mis 11 kilómetros de rigor y recibir como premio una revitalizante dosis de endorfinas, me sentí intocable. Después de una refrescante ducha me senté frente al ordenador dispuesto a plasmar parte de mi locura en palabras.

Navegaba por la red buscando un tema sobre el que escribir en el blog cuando mi amiga Mónica me mandó un mensaje diciéndome que pusiera Telecinco.
La Televisión... Uno de los nuevos dioses, según Neal Gaiman. ¿Pero si no tengo tele? Bendito internet: otro de los nuevos dioses, a los que en vez de sacrificios como se hacía en la antigüedad ofrecemos ahora todo nuestro limitado y valioso tiempo. En su defensa diré que al menos en internet selecciono lo que veo con mayor libertad. Siempre con ayuda de algunos plugins muy interesantes para filtrar el spam; hecha la ley, hecha la trampa.

Puse Telecinco -el canal de menor calidad en este país- y me encontré una grata sorpresa: «Intocable» con François Cluzet y Omar Sy: una gran película. La ventaja de mirar la televisión online es que puedes ver la hora de finalización de las emisiones en directo. Sabiendo que la película dura menos de 2 horas y notando que me querían colar 30 minutos de anuncios, reí largamente y cerré Telecinco. Por supuesto, continué viéndola de mi disco duro, donde hace ya 2 años que vive felizmente junto con otras maravillas del cine de las que hablaré en otra ocasión.

La de 'Intocable' es una de esas historias que aparecen solo de vez en cuando; que nos marcan.

Un film sobre el potencial humano. Como en la vida misma, en ningún momento falta el drama, pero siempre hay una pizca de  humor para el que sabe encontrarlo.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Cómo evitar un accidente de coche

Admito ser uno de esos hombres que con 27 años aún no sabía conducir. Vivía en un mundo diferente, sin prisas y a mi ritmo. Y hasta los 28 no me he sacado el permiso. Durante 10 años he sido ese amigo al que todos llevan en un momento u otro; aunque más que nada he sido un caminante. Como pasajero mi destino no dependía de mí, sino de otros. Yo sugería, pero no decidía. Y cuando podía hacerlo, era usando mis piernas como vehículo. En mis tiempo de jugador de baloncesto caminaba a diario con mi pelota, botando de arriba a abajo en todo rincón posible. También me sobrevuela algún recuerdo de mi época de árbitro de fútbol, caminando de un pueblo a otro cada fin de semana, cansado tras dos o tres partidos. Todo para evitar esperar dos horas al autobús. Tanto era caminar parte de mí, que una vez incluso volví caminando de Francia a España cruzando los Pirineos. Conducir lo cambia todo. Las comodidades, la velocidad, el tiempo ganado; pero también la sensación de certidumbre. Seamos o

Cosa de bebés

Una cosa que admiro de la cultura india «india americana, no hindú» es su respeto por el futuro. Eran un pueblo nómada con un respeto ancestral por el futuro. Su modo de vida era pura economía. Recordad que la economía es una ciencia que estudia cómo administrar recursos limitados para satisfacer necesidades ilimitadas. Ellos usaban la tierra por un tiempo, y después, por abundante en alimentos y agua que ésta fuera, se desplazaban a otro lugar. Dejaban descansar la tierra para que generaciones futuras disfrutasen de ellas; hoy ese espíritu parece haberse olvidado. La generación perdida nos llaman. Crecimos en un tiempo de inestabilidad, aprendimos de gente que no sabía enseñar, pero aquí estamos los que quedamos. Algunos tuvimos mejores ejemplos que otros, unos tuvieron más suerte que otros, y ahora todos nos necesitamos. ¿Nuestro propósito? Salvar el obstáculo que nos plantaron nuestros mayores, y hacerlo no por nosotros, sino para beneficio de las futuras generaciones. Somos

Mujeres y Unicornios

Todo el mundo ha oído hablar de los unicornios; criaturas míticas que destacan por su belleza y fugacidad, pues son inalcanzables. Supongo que todo el mundo tiene a lo largo de su vida, esa experiencia con su unicornio particular. En mi caso esa mujer hermosa, exótica e inalcanzable que no termina de dejarse seducir, siendo arrebatadoramente seductora. Entra y sale de tu vida, dejándole siempre esa huella, pasa fugazmente, quedandose solo lo justo para que percibas su aroma, y justo en el instante en que tu cerebro lo identifica, ella desaparece. Pero sabes que ha estado allí. Como el unicornio, es inalcanzable, avanzáis a distinta velocidad, por caminos distintos, que de vez en cuando se cruzan. Ejerce esa atracción casi magnética sobre ti y aunque lo intentes, no terminas de olvidarla. Son mujeres independientes y aventureras, siempre con un toque de misterio que las vuelve tan fascinantes. ¿Creeis posible alcanzar a un unicornio? Yo creo que sí es posible, difícil, per