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La vía de la censura

censura mafalda

Hoy en día todo el mundo es susceptible. Demasiado.

Me comentaban hace un tiempo, mientras cenábamos en el trabajo, que habían multado con 30 000€ por racismo a un equipo de fútbol que llevaba 1 semana haciendo jornadas contra el racismo. Lo curioso es que les multaban por una de esas iniciativas antiracistas. ¿Contradictorio verdad? El fútbol no me apasiona, pero la noticia sacó a relucir un tema interesante: la hipersensibilidad.

Hablo desde la experiencia cuando digo que hay mucho racismo en el mundo, pero estamos pasando de marcar los límites naturales del respeto, a cruzar en silencio los lindes de de la represión. Yo por ejemplo, soy negro. Vengo de África, no de la tropical, como decía el anuncio. Y personalmente, no me gusta que me llamen 'negrito'. Lo tolero una vez por desconocimiento, pero a la segunda me lo tomo como una falta de respeto. Los habrán que al contrario, prefieran 'negrito' a 'negro'. Pero al final son todo detalles, cada uno con sus susceptibilidades. A alguien cercano, por ejemplo, uno le permite cosas que no toleraría de un desconocido, todo es cuestión de contexto.
El error es vivir con miedo a trasgredir u ofender sin motivo aparente. Se trata de ser inteligentes y estudiar tanto el contexto de las cosas como el carácter de las personas con las que nos comunicamos.

Decía un compañero, ante esta situación, que nos autocensuramos nosotros mismos. Que hoy en día, por cualquier cosa lo tachan a uno de racista, machista o xenófobo, y para evitarlo, callamos todo lo que pueda llevar a conflicto. Pero a veces los pequeños rifirrafes traen consigo progresos, diálogo y entendimiento. «Vivimos tiempos peores en cuanto a libertades, que los 80», decía el español; y en mi opinión no se equivoca. Pasamos de unos extremos a otros. No restemos importancia a los hechos, ojo. Hay mucho racismo, hay mucha xenofobia y mucho machismo. Aunque no por ello se ha de vivir con pies de plomo. Las intenciones cuentan.

dicotomia
Según los ojos que miren...

En general, cuando cumplimos dos años, es costumbre que para establecer nuestra identidad y distinguirnos como seres independientes de nuestros padres, usemos el NO. A cualquier cosa que nos ordenen, nosotros rotundamente nos negamos. Es el primer método de autoafirmación. Así sentamos las bases de nuestra identidad. Un método fantástico y práctico, a los dos años. Es mi humilde opinión, que pasada esa fase hay mejores formas de modificar un paradigma injusto, que la posición visceralmente opuesta.

«Pasamos de un extremo a otro, en una dicotomía sin términos medios ni progresión real», comentó el ruso. Y es así, existen los grises. No todo es blanco o negro. Pero sociológicamente el gris nos resulta invisible. O peor aún, inexistente. Armonía, equilibrio, mesura, templanza. Son palabras tan en desuso, que quizás la gente haya olvidado también su significado e importancia. Recordad que no somos binarios. Nuestro espectro es infinito. Existe tantas opciones como personas. Nuestro comportamiento autorrepresivo actual es tan absurdo como si una persona instruida y educada, decide dejar de hablar para comunicarse con gritos y gruñidos. Son miles y miles de años de evolución, es hora de abrir los pliegues del abanico.

Tras conversar largo y tendido en sus 30 minutos de cena, el tema no daba ya para más, los tres se miraron y habló el español:
—Los peores son los rusos—dijo sin atisbo de duda.
—Por eso me marché de ahí —respondió el ruso, con sonrisa jocosa.
—Así hay que tomarse las cosas—añadió el senegalés entre risas. Tras lo cual todos volvieron al trabajo, en aquel hotel tan variopinto, intercultural y aún así, armonioso.

terraza hotel

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